SECUESTRO DE AVIONES EN CHILE, 1969 - 1970



SECUESTROS 1969

(www.pilotosretiradoslan.cl/historias, c
on relato de Amaro Bamon M.) 

Antecedentes

El secuestro de aeronaves, piratería aérea o, como lo dejarían acuñado los norteamericanos, los hijackings o skyjackings, es un fenómeno relativamente reciente. Y no se trata precisamente de una re-edición actualizada de los asaltos a los galeones españoles cargados de tesoros procedentes del Caribe. La apropiación ilícita de las aeronaves llevó y probablemente seguirá llevando, el sello de la violencia política o simplemente del terrorismo.

La culminación de la fiebre de los secuestros se produjo entre los años 1968 y 1972 en que, a escala mundial, se produjeron 326 intentos de secuestro, con las más diversas motivaciones: huída, propaganda, terrorismo político, extorsión, manifestaciones de enfermedad mental etc. En un comienzo, Cuba fue uno de los destinos preferidos de los secuestradores. Más tarde habría implicancias del conflicto árabe – israelí. Se conoce un solo caso de extorsión exitoso: Un secuestrador recibió USD 200.000 y luego se lanzó en paracaídas. Si bien los secuestros continuaron en los años 80 y 90, las medidas de seguridad y los acuerdos internacionales, promovidos principalmente por las aerolíneas y la Asociación Internacional de Pilotos (IFALPA) contra la apropiación ilícita de aeronaves, produjeron un efecto disuasivo importante.

Mientras que el primer secuestro que se registra data de 1931 en el Perú, el último y más espectacular sería aquél que presenciáramos anonadados, en vivo y en directo, por la Televisión el 11 de Septiembre del 2001.

Estamos entrando no sólo a la era de la globalización política y económica en el mundo, sino también a la globalización del terror: el dominio provocado por el “miedo intenso”, causar el mal por el supuesto mal sufrido. Se están haciendo los primeros ensayos para enfrentar ese tipo de globalización. ¿Soluciones militares?¿Guerras punitivas? ¿Operaciones secretas, encubiertas? ¿Soluciones políticas o diplomáticas?¿Fortalecimiento de la estructura del sistema legal internacional?¿Más apoyo y autoridad para las Naciones Unidas? Son estrategias que la comunidad de naciones tendrá que definir para bien de la sobre vivencia pacífica de la humanidad.

Para los pilotos y los pasajeros, este problema reviste un carácter obviamente muy especial, son actores de primera fila, pero con una pequeña singularidad, los pilotos no pueden darse el lujo de sucumbir a aquel “intenso miedo” que se esparce por igual al interior de toda la aeronave. Mientras los afectados externos “sufren” la incertidumbre de la suerte de objetos y seres, cercanos y lejanos, y tal vez, el siempre despiadado juicio de una opinión pública sobre eventuales omisiones y responsabilidades, los pilotos y pasajeros “viven” en tiempo real y en carne propia, una sorpresiva alternativa, inexorable y absurda, de la vida o de la muerte.

Los dos primeros piratas aéreos chilenos debutan con su acción delictual el 12 Noviembre 1969. Durante el tramo Santiago – Puerto Montt, intentan apoderarse del Caravelle N°502 que servía el vuelo 87, pretendiendo desviarlo a Cuba. El avión inició su vuelo al norte y tras una escala en Antofagasta, aproximadamente a la cuadra de Iquique, el Comandante Leonidas Medina y su Ing. de Vuelo Marcelo Cadena, logran reducir a los “piratas” Patricio D. y Pedro V. Una vez dominados, el avión regresa a Los Cerrillos dejándolos en manos de la Fiscalía de Aviación.

El 19 de Diciembre de 1969, un individuo llamado Patricio A. secuestra con éxito un Boeing 727, al mando de Amaro Bamón y los pilotos, Juan Jofré M., Luis “Luchito” Galdámes y el Copiloto Víctor Escudero, con 126 personas a bordo, que volaba en el tramo Santiago – Arica y lo obliga a dirigirse a La Habana, Cuba.

El relato del Comandante Amaro Bamón M.

“Ese día, yo había sido designado por la Empresa para efectuar el vuelo Santiago-Arica-Santiago saliendo de Pudahuel a las 8:00 hrs. para regresar a las 13:00 hrs. El avión, un Boeing 727, iba con su pasaje completo. Casi la totalidad de los pasajeros eran profesores y profesionales que iban a una conferencia en Arica. Por extraña coincidencia la tripulación era más numerosa que lo habitual. En ese tiempo, yo era Inspector de vuelo y debía "chequear" a dos pilotos que estaban efectuando su último viaje antes de salir al mando del Boeing 727, por lo tanto había un piloto extra. Además, por un acuerdo entre LAN y la Dirección de Aeronáutica, iba un Operador de Torre de Control en la cabina, haciendo una práctica sobre la comunicación entre el avión y la Torre de Control, ya que el conocía la labor inversa.

Todo tranquilo, la conversación en la cabina se desarrolla como de costumbre. Se pela a los jefes, se conversa de las últimas conquistas de los solteros, se dice que ninguno de los casados presentes, tiene algo con alguna de las azafatas de la Compañía, tema recurrente en las conversaciones de las cabinas de todas las Líneas Aéreas del mundo. Pero, de los casados ausentes, se dice que fulano anda con fulana, que perengana anda con perengano; en resumen, como en todo grupo humano en que se relacionen personas de ambos sexos. Yo, por su puesto, soy de los buenos.

La conversación también gira hacia la política. Eran los últimos días del Presidente Frei Montalva, 19 de Diciembre de 1969. Se discutía, como siempre y en todas partes, sobre la gestión del Presidente, -que el candidato Allende iba a ser elegido, después de 3 intentonas, -que no iba a salir decían otros,- en fin, Como estamos volando en Jet, la cosa camina rápida. Ya vamos sobre Antofagasta, donde además de dar la posición al Control de Trafico Aéreo, se debe, por intercomunicación con la cabina de pasajeros, darle a estos las condiciones de vuelo y la estimada de llegada a Arica.

Yo tenía la labor de examinar a Juan y Luchito e iba, por tanto, sentado detrás del asiento del Capitán. Estaban además en la cabina de mando el Ingeniero de Vuelo y el Sr. de la DGAC.

En esos años se raptaban aviones muy seguido. Felizmente me tocó un grupo de personas muy tranquilas y que tenía una idea muy clara de como había que actuar en esos casos.

De pronto cuando llevábamos unos minutos de haber dado la posición Antofagasta, y ya habíamos comunicado a los pasajeros la hora de llegada a Arica, se abrió bruscamente la puerta de la cabina de pilotos e irrumpió un muchacho joven, alto, medio hippy, pelo frondoso motudo, llevando un revolver grande en una mano y un cuchillo carnicero en la otra.

Entró, cerró la puerta y nos quedó mirando sin decir una palabra y nosotros quedamos observándolo. Pasaron unos momentos que podrían haber sido minutos, no recuerdo, y al fin yo le pregunté ¿Cual es tu intención? El muchacho no decía nada. Se notaba muy nervioso. En ese instante entró una de las auxiliares, que vio cuando este tipo se introdujo en la cabina. La cosa se puso “peluda" porque apenas teníamos espacio suficiente en un espacio tan estrecho. Yo le pedí que permitiera a la azafata retirarse a la cabina de pasajeros comprometiéndose ella, a no decir nada ni a los otros tripulantes, ni a los pasajeros, hasta que yo le autorizara. En un comienzo, el raptor, no decía "ni pío". Aunque teníamos bien claro, lo que pretendía, le volvimos a preguntar qué es lo que pretendía, o mejor dicho, lo que quería que nosotros hiciéramos.

El Capitán que iba en el puesto del Piloto le dijo algo que ayudó a este tipo, a tomar una decisión.

- “Si Ud. pretende ir a Cuba no tiene mas que decirnos, nosotros lo llevaremos sin ningún problema. No queremos arriesgar la vida de nadie, ni la suya.”

Al fin el tipo habló. Nos expresó que teníamos que irnos a Cuba directamente y al mismo tiempo autorizó a la auxiliar a salir de la cabina e irse a su puesto. Nos mostró unos cables que se veían en su cintura y nos explicó que era una bomba que llevaba por dentro del pantalón y que estaba decidido a hacerla explotar si alguien trataba de tomar alguna acción en su contra.

En ese momento empezó otro problema, no quería entender que el avión no contaba con combustible ni siquiera para llegar a Lima. Le manifesté que no teníamos inconveniente en continuar a Lima, pero desde ya, le asegurábamos que nos caeríamos al agua antes de llegar a esa ciudad. Nos dijo que él estaba seguro de que si aterrizábamos en Arica lo iban a matar y que en ese caso él nos mataba antes a todos. Al fin, cuando ya no nos quedaba nada más que agregar para convencerlo, aceptó que pasáramos a recargar combustible a Arica.

Luego decidió tomar como "prisionero" al Sr. de la DGAC. Para ello se sentó en la mesita destinada al uso del navegante y lo colocó, dándole la espalda, a horcajadas entre sus piernas. Al mismo tiempo le puso el revolver en la sien y el cuchillo en el cuello.

Como puede apreciarse, no era muy graciosa la situación dentro de la cabina de mando.

Entonces decidí que ya era hora de avisarle a los pasajeros que su destino había cambiado, que ahora íbamos a Cuba, que estuvieran tranquilos y que todo estaba controlado. También se les informó que por expreso deseo del o los raptores (no sabíamos con seguridad cuantos eran), no se bajaría nadie en Arica y que sólo aterrizaríamos para recargar combustible y proseguir a Cuba.

Luego me comuniqué con la Compañía para informar lo que estaba pasando a bordo y que no veía posibilidades de impedir el rapto. Según mi apreciación cualquier acción podría terminar en que, por lo menos el Sr. de la DGAC "pasaría a mejor vida".

Comuniqué, así mismo, a LAN todo nuestro itinerario, que estaba supeditado al combustible que pudiéramos cargar en Arica. Por esta razón teníamos que aterrizar también en Guayaquil.

Por su puesto que en Santiago la noticia cayó como bomba.

Mientras tanto, el muchacho se veía muy nervioso. Yo lo tenía muy cerca y podía ver que el revolver era de un calibre apreciable y en un momento en que el Sr. de la DGAC hizo ver que tenía ganas de ir al baño, lo autorizó, acercándome esta vez a mí, el revólver y el cuchillo.

En Arica nos estacionaron en una posición un tanto alejada del edificio sometiéndonos a todas las labores propias de "un despacho rápido", con el menor tiempo posible en losa.

El Sobrecargo, Jefe de la Cabina de pasajeros, me preguntó si era posible, que una pasajera enferma del corazón, pudiera bajar, pues se sentía muy mal y sería peligroso seguir-con ella en esas condiciones. Le consultamos al tipo, y ante nuestra sorpresa, aceptó de inmediato. Años después me daría cuenta de la razón por lo que se produjo este hecho tan insólito.

Entre los pasajeros que venían en el avión y que debían bajar en ese Aeropuerto, venía una señora jovencita con una guagua de menos de un año. El Sobrecargo, que era muy eficiente, propuso a esta Sra. para que aprovechara de bajarse y no arriesgar a la guagua. Ante la sorpresa del Sobrecargo y de quienes estaban cerca y la escucharon dijo:

-“Bueno me bajo, le dejo la guagua a mi mamá que me está esperando, pero vuelvo a subir para continuar a Cuba. ¡Esto no me lo pierdo por ningún motivo!”.

A pesar que el Sobrecargo le advirtió que si se bajaba ya no podía volver a subir, -“o se baja con su guagua, o se queda con su guagua", la señora se decidió por lo último. Como último favor le pedí al funcionario de LAN de Arica que pidiera a Guayaquil, nuestra próxima escala, que nos tuvieran pañales y leche para la guagua de esta feliz señora.

Una vez despegados, nuestro amigo raptor seguía impertérrito en su ubicación y no aceptaba ni fumar ni tomar absolutamente nada y menos comer. Durante el trayecto, todos los ocupantes de la cabina de mando tratamos de conversar con él para distender el ambiente que de por sí era tenso y preocupante. Le insistimos en que fumara. Lo logramos una o dos veces pero con la condición de que uno de nosotros le prendiera el cigarro y se lo pusiera en la boca. El luego aspiraba y de esa manera él no soltaba ni el revolver ni el cuchillo. En otra ocasión le dijimos que, si quería una bebida, nosotros destaparíamos la botella delante de él y probaríamos el contenido antes de ofrecérsela. Finalmente lo aceptó.

Logramos conocer su nombre y que tenía papá, mamá y hermanos. También logramos saber que estudiaba en la Universidad de Concepción y que pertenecía a uno de los varios grupos de guerrilleros establecidos en la Cordillera de Nahuelbuta.

¿Su color político? Curiosamente reconocía no tenerlo. Pensaba que todos los partidos políticos, en ese momento, eran "momias", incluyendo al comunista. Que lo que hacía falta en Chile, era un baño de sangre para que murieran todos los que estaban contra el pueblo. Ante tal argumentación de este energúmeno ya era bien poco lo que se podía agregar. Sin embargo aventuré:

-“Oiga mi amigo, Ud. me acaba de decir que tiene padres y hermanos. ¿Que pasaría si entre tanto muerto, cae uno de sus padres o un hermano? “

Respuesta:

-“No importa, todo sea por el pueblo....”

Ante tan sabia respuesta, dimos por terminada la conversación.

A todo esto estábamos arribando a Guayaquil. El hombre haciendo gala de su juventud y de un muy buen entrenamiento físico resistía en su rígida posición, casi sin tomar líquido alguno, ni comer y, lo que era peor, sin ir al baño. Hay que considerar que habíamos salido de Santiago a las 8 de la mañana y a esas alturas serían ya aproximadamente las 2 de la tarde. No mostraba ninguna señal de aflojar en la decisión de continuar con su plan.

En Guayaquil nos estacionan, como en Arica, retirados del edificio de pasajeros. Aquí no baja nadie y se ejecuta todo el trabajo de abastecimiento del avión en forma eficiente y rápida.

Iniciado el tramo final Guayaquil – La Habana intenté convencerlo que desistiera de su propósito. Los demás tripulantes, captando mi intención, me apoyaban con distintos argumentos. Fue inútil. Se mantenía firme. Haciendo uso de todo mi poder de convicción le dije, textualmente, porque él se acordaría después de mis palabras y me las repetiría con puntos y comas:

-“Mire don Patricio, pues así se llamada el tipo, Ud. tiene la ultima oportunidad de arrepentirse. Estamos próximos a aterrizar en La Habana. Si Ud. nos dice que se echa para atrás, rehuso el aterrizaje, nos vamos a Miami, cargamos combustible y regresamos a Chile. En Chile le pegaran un par de patadas por huevón, lo meterán un par de meses preso y colorín colorado ...... sale libre. En cambio, si Ud. decide quedarse en este paraíso se va a arrepentir toda su vida. ¡Ud. Decide!”

Como el tipo, no dijo nada, no me quedó mas remedio que suponer que quería llegar a su querida tierra de Fidel, así que, aterrizamos.

Recién en ese momento descubrimos que era uno solo el raptor. Cubana de Aviación atendió la parte logística del avión y el Encargado de Negocios de Suiza, que era el representante de los intereses de Chile en Cuba, atendió la parte Relaciones Públicas.

Desde un comienzo, unos uniformados de verde oliva, "nos cantaron la cartilla”. Nos dijeron que no pretendiéramos, bajo ningún punto de vista, alejarnos de las salas donde nos iban a llevar; que el carguío de combustible era muy lento pues no contaban con equipos de llenado rápido; que los pasajeros se iban a quedar en una parte y la tripulación en otra, sin comunicación entre sí. Que debíamos pagar USD 30.000.- por concepto de derechos de aterrizaje, más el precio del combustible, más lo que consumiéramos en los comedores, más lo que se colocaría a bordo para la atención de los pasajeros. Todo esto calculamos serían unos USD 40.000. Como nosotros no teníamos ni siquiera un dólar, el Encargado de Negocios se puso con los USD requeridos.

Quedó en evidencia la existencia de un solo raptor cuando el representante de Cubana de Aviación, subió al avión y dijo: “Primero bajan los raptores”, y bajó solamente el que había estado todo el tiempo en la cabina con nosotros. De él, a partir de ese momento, no volvimos a saber.

Los tripulantes fuimos conducidos a una sala grande con las murallas cubiertas, todas con cortinas. Pero nos dimos cuenta que no eran murallas sólidas, eran ventanales grandes. Lo único malo fue que no nos dejaban mirar para afuera. Realmente no sé porqué. En un momento dado, pudimos mirar al exterior y se veía lo que normalmente existe en cualquier aeropuerto.

Tampoco nos informaron absolutamente nada de los pasajeros.

Vino el Encargado de Negocios de Suiza a decirme lo que ya nos había advertido el tipo "verde oliva". Que nos íbamos a demorar más o menos 7 horas, que no podíamos salir a ninguna parte, ni asomamos por las cortinas y que si queríamos descansar tenía que ser en los bancos de la sala. Como éstos no eran realmente muy acogedores no había ninguna comodidad para un descanso efectivo.

Pasaron las horas y empezamos a sentir hambre, pues prácticamente, no habíamos comido nada en todo el viaje. Transcurridas unas 5 horas en este encierro, apareció el suizo y nos dijo:

-“Señores vamos a pasar al comedor” y añadió, “al lado de este recinto, están los pasajeros, separados de ustedes. Todo lo que quieran comprar debe ser cancelado en Dólares, no se aceptan ni Cubanos, ni Pesos chilenos.”

Entramos a un lugar amplio y bien acomodado, nada ostentoso, pero tampoco feo. Estaba dispuesta una mesa para toda la tripulación. Bien separados de nosotros, los pasajeros. Durante la comida, nos acompañó el Encargado de Negocios. Todo fue normal. Cuando ya estábamos terminando de comer, vino el Despachador de Cubana de Aviación y nos hizo saber que el carguío estaba listo y que podíamos irnos en cuanto lo deseáramos.

Al fin nos íbamos y podríamos respirar tranquilos. Pedí al Despachador que esperara a que revisáramos el avión y luego le avisaríamos para el embarque de pasajeros. Una vez revisado y en orden toda la aeronave, avisé a nuestro Sobrecargo que llamaran pasajeros. Pasó el tiempo y no llegaban. Al rato apareció, el funcionario de la Cubana de Aviación y ante la sorpresa de todos los tripulantes de la cabina de mando, nos comunicó que los "Señores pasajeros habían acordado no embarcarse porque consideran que el vuelo es inseguro, que se necesita por lo menos 8 horas para que Uds. descansen y puedan volar tranquilos”.

En la cabina del avión se produjo un silencio sepulcral. ¿Que iba a hacer el Comandante? Partí al comedor a entrevistarme con los pasajeros. Se notaba que los ánimos estaban un tanto agitados.

Uno de ellos se adelantó y me dijo, muy calmado, pero firmemente:

-“La Señora”....- y me dio un apellido sumamente intimidante -, “le va a explicar nuestra posición en este problema”. Entonces la señora repitió, también calmada, pero firmemente, lo que ya me habían adelantado, que no estaban dispuestos a embarcarse.

A eso repliqué, muy calmado, pero también firmemente:

-“Señores, los pilotos de Lan Chile como los de todas las líneas aéreas del mundo, hemos sido educados y entrenados para dar a las personas que vuelan con nosotros: primero – seguridad -, segundo, -seguridad - y tercero, -seguridad -. Por lo tanto, yo les garantizo que este vuelo se hará sin ningún riesgo. Por razones que no viene al caso explicar, viene en este vuelo una tripulación mas numerosa que lo corriente. Esto nos permite hacer relevos y descansos sin poner en peligro el vuelo. Las condiciones meteorológicas son óptimas. Además les tengo que decir que, desde que llegamos a este aeropuerto, las autoridades nos advirtieron que no podríamos salir de nuestra sala y que si queríamos dormir tendríamos que hacerlo en los asientos. Esto quiere decir que cada minuto que permanezcamos aquí estaremos mas cansados. Por lo tanto les pido que no agreguen otro problema a esta, ya complicada, situación. Haremos un vuelo tranquilo y lo único que les pido es que no le exijan a la tripulación de cabina la misma atención de siempre. Les ruego, entonces, que pasemos a embarcar y regresemos a Chile.”

Me di media vuelta y partí caminando al avión esperando la reacción de ellos. Los pasajeros no tardaron en seguirme, embarcándose ahora sin mayor dilación. Durante el vuelo me harían llegar una de nuestras cartillas de emergencia para pasajeros, firmada por todos ellos, con sus agradecimientos para toda la tripulación.

Volamos directo a Arica donde desembarcaron los pasajeros con ese destino y embarcaron los que debían haberlo hecho el día antes.

Cuando despegamos de Arica a Santiago y llevábamos un rato volando, una de las azafatas me comunicó que había cierta inquietud entre los pasajeros, pues ellos sabían que la tripulación venía trabajando desde la mañana del día anterior. Eso los preocupaba.

Pensé que tenían toda la razón del mundo, por lo tanto había que calmarlos diciéndoles algo que distendiera la situación. Les hable, por el intercomunicador, diciéndoles lo mismo que les dije en La Habana a los otros pasajeros, sobre la seguridad del vuelo, agregándoles lo siguiente:

-"Para finalizar estas palabras; quisiera pedirles que, si alguien tenía planificado raptarse un avión, lo deje para otro día pues ahora no podríamos llegar a Cuba."

Según la tripulación de cabina, los pasajeros, tras escuchar eso, largaron una carcajada y el ambiente se relajó de inmediato y todos continuaron felices y contentos.

*

Tres años después de este infortunado evento, el raptor estuvo en mi casa en Santiago. El encuentro se produjo de la forma más imprevista. Un compañero del Instituto Nacional me llamó un día por teléfono:

-“Oye, Amaro, te quiero contar algo bastante insólito”.

-“¿De que se trata esto de bastante insólito?”, le pregunté sorprendido.

-“Resulta que el hijo de unos amigos míos desea conversar contigo”, prosiguió.

-“Bueno dale mi teléfono y que me llame”, fue mi respuesta.

-“No es tan fácil la cosa. El piensa que tú no vas a querer ni hablarle, ni recibirlo.”

-“Bueno, porqué no desembuchas de una vez por todas.¿Cual es la firme?”

-“Te contaré”, comenzó, (con una voz que quería decir: en que momento este chato me va a "mandar a freír monos") “que la .persona que te raptó años atrás, está en Chile, y quiere saber sí tu lo recibirías en tu casa. El quiere explicarte y contarte todo lo que le pasó en Cuba.”

Sin titubear, ni un momento, mi respuesta fue afirmativa. Nos pusimos de acuerdo con mi compañero Institutano, en el día y la hora de la visita de mi amigo Patricio. El le trasmitió el mensaje y se produjo el encuentro.

Llamé a todos los tripulantes que iban en el avión ese día 19 de Diciembre de 1969. Desgraciadamente, unos andaban en vuelo, otros no quisieron ir, incluso uno me hizo saber que si iba y se encontraba frente a frente con el fulano, lo mataba a patadas. El hecho fue que asistieron 3 o 4.

Lo invité a tomar onces. Llegó puntualmente. Era totalmente distinto del energúmeno que llevamos ese día en el avión. Bien vestido, pelo corto, en una palabra, parecía una persona común y corriente.

Con toda normalidad nos saludó a todos y nos pidió disculpas por lo que había hecho ese fatídico día. Se produjo un intercambio de preguntas nuestras, respuestas de él, más preguntas nuestras y explicaciones de él. Recuerdo algunas de sus explicaciones:

-“Lo primero que quisiera decirle, Comandante, (parecía atorado por lo que quería decirme), es que desde que llegué a la Villa, donde nos tenían reclutados, me acordé de lo que Ud. me estuvo diciendo, antes de aterrizar en Cuba. Aquello de que yo me iba a arrepentir de lo que estaba haciendo. Realmente, me acordé cada día y cada momento de mi estadía en esa isla.”

Nos contó que él iba solo porque los otros doce compañeros, que habían planificado este rapto, no llegaron a Pudahuel. Entonces, decidió hacerlo sin la compañía de nadie.

Los cables que nos había mostrado en la cintura, no era una bomba, eran solo cables. Además, en ningún caso pensaba matar a nadie.

Cuando Patricio se subió al avión en Pudahuel, le tocó un asiento al lado de una señora, de estas que de puro nerviosas y asustadas, les gusta conversar, entablándose el siguiente diálogo entre ambos.

Señora:

-“Joven, perdone que lo moleste, pero quisiera decirle que estoy muy nerviosa”.

Raptor:

-“¿Porque?” ,-sin muchas ganas de entablar una conversación con nadie-.

Señora:

-“Le tengo miedo a volar, además, soy enferma del corazón y el médico me ha dicho que no debo tener impresiones fuertes”.

El raptor, dándose cuenta de la cagadita que iba a hacer:

-“Pero señora, no se preocupe, en los aviones no pasa nunca nada, son muy seguros”.

La señora, ya bastante más tranquila por lo dicho por su consejero aéreo:

-“Que bueno que estoy a su lado, así Ud. podrá ayudarme en caso de necesidad. ¿Verdad? “

El raptor, sintiéndose podrido de falso y canalla:

-“¡Claro señora, yo la ayudaré!”

Resulta que fue esta la señora a la que el raptor, permitió bajarse mas tarde en Arica.

También nos contó que recién llegado a La Habana lo llevaron a una sala donde lo interrogaron y contra-interrogaron, para poder determinar si era realmente un raptor o era un infiltrado imperialista (palabras textuales). Le mostraron alrededor de 70 fotos que le sacaron a él, a los pasajeros y a la tripulación. Nadie se había dado cuenta que nos estaban sacando fotos durante la estadía. Cuando llegaba un raptor a La Habana, lo primero que le exigían era su documentación. Si no la tenían, que era lo más frecuente, lo mandaban por 2 o 3 años a los cañaverales, a la zafra, o sea, a cortar caña. Por suerte para él, llevaba sus documentos al día, por lo tanto, ya convencidos que era realmente un aspirante a guerrillero, lo mandaron a una Villa, donde conoció a muchos de los que habían llegado antes.

Ahí sufrió los desengaños más grandes y comenzó una revisión completa de sus posiciones ideológicas. En la Villa se encontró, con gente que para él eran héroes míticos, ya que habían estado, en Sierra Maestra con Fidel durante la lucha contra Batista. Varios de estos míticos héroes, eran los vigilantes del lugar, y en vez de entrenarlos y enseñarles todo lo que ellos tenían ansias de conocer y aprender, se dedicaban a conseguir los dólares que los recién llegados traían. Se los cambiaban por cigarros y comida aprovechando que a los de la Villa no se les permitía salir a ninguna parte.

Era tanta la desesperación que tenían los residentes, que un muchacho ecuatoriano y un norteamericano se suicidaron, pensando que nunca iban a poder volver a su país, ya que en su respectivos raptos habían ocasionado la muerte de uno de sus connacionales.

En cambio Patricio siempre pensó que él sí iba a poder regresar a Chile.

Cuando en Chile, Salvador Allende fue elegido Presidente, nuestro ahora simpático e inofensivo invitado, don Patricio, se dijo a sí mismo:

-"Esta es la mía, me voy a convertir en el más ferviente de los Fidelistas, y cuando pueda y vea la ocasión, voy a pedir autorización para irme a Chile a cooperar con el compañero Allende. Así fue como en el primer viaje que hizo a Chile el SIERRA MAESTRA, barco cubano que vino trayendo azúcar, para los niños chilenos, como regalo de los niños cubanos, conseguí que me autorizaran para viajar de regreso a Chile y aquí estoy en su casa, Comandante, para ver si logro que me perdone, lo mismo que Uds. señores, dirigiéndose al resto de los tripulantes que habían acudido a la invitación.”

Además de este enternecedor final, agregó que él venía ahora dispuesto a trabajar, a ponerle el hombro a lo que fuera. En una palabra, insertarse en la sociedad burguesa pues había aprendido, durante su estadía en la isla de Fidel, que lo único que había que hacer era trabajar.

Nos despedimos como grandes amigos y Patricio, perdonado. (El mismo Patricio volvió a protagonizar años mas tarde otro rapto de avión, ahora de LADECO, terminando apresado por las autoridades peruanas en Lima).” 




6 DE FEBRERO DE 1970

EL SECUESTRO QUE NO TUVO UN FINAL FELIZ

Mientras que el rapto del avión comandado por Amaro Bamón... tuvo un final feliz, el 6 de
Febrero de 1970 fue, para los tripulantes y pasajeros de un avión LAN, un día en que un
nuevo intento de secuestro terminaría en tragedia. Dos individuos secuestran el Caravelle N°
503 CC-CCQ, vuelo 86, tripulado por el Capitán Máximo Astorga y el copiloto Claudio Palma,
en tramo Punta Arenas - Santiago, en pleno vuelo, a la cuadra de Temuco. Para este relato lo
identificaremos arbitrariamente como Pedro, el “rubio” y Dombo, el “moreno”. Su intención
de volar a Cuba se ve frustrada en Pudahuel, donde al descender para reabastecerse de
combustible, ambos son reducidos por personal de la Policía de Investigaciones tras una
balacera que termina con la vida del primero y deja lesionada e invalida de por vida, a la
tripulante de cabina Srta. Scarlet Burgos.

El siguiente es el Informe al Sindicato de Pilotos de Lan Chile, evacuado por el Capitán
Máximo Astorga al mando del vuelo N° 86:

“Doy cuenta a Uds. en el siguiente informe de los sucesos ocurridos el día 6 de Febrero en el
cual el vuelo 86 Pta. Arenas - Santiago, bajo mi mando fue raptado, acción posteriormente
frustrada, por la Policía Civil, sin ninguna ingerencia de mi tripulación y que acarreó graves
consecuencias que paso a detallar.

La tripulación estaba compuesta por el suscrito, por el Comandante señor Claudio Palma,
quien se desempeñaba como copiloto, (mientras termina las 50 horas necesarias para
calificarse al mando), por el Tripulante de Mantenimiento señor Renato Loayza, Sobrecargo
señor Carlos Cuadrado y auxiliares señoritas Scarlet Burgos y Carolina Luque. El avión era el
Caravelle N° 503 CC-CCQ.

El vuelo 86 por itinerario hace escalas en Balmaceda y Puerto Montt, las que en esta
oportunidad se cumplieron sin novedad, aterrizando en Puerto Montt aproximadamente a
las 18:05. (Hora local).

En esta posta se embarcó el Gerente de Operaciones de la Empresa, señor Pedro Gasc O. y
varios otros funcionarios, quienes, después de varios días de trabajo en la planificación del
Material Avro para la operación del Regional Puerto Montt, regresaban a Santiago.

Decolamos aproximadamente a las 19:45, después de un breve atraso en El Tepual, debido a
un mantenimiento que afectaba a una rueda del tren de nariz. El señor Gasc ocupó el
asiento del observador, invitado por el suscrito.

El vuelo se desarrolló rutinariamente por la Aerovía UA 3 y a un nivel de vuelo 310.

Aproximadamente a la cuadra de Temuco, la puerta del cockpit se abrió suavemente, dando
paso a dos individuos armados, que nerviosamente nos encañonaron solicitando ser llevados
a La Habana, Cuba. Dijeron ser 5 raptores y que los otros 3 estaban en la cabina de
pasajeros, también tenían armas y además explosivos.

Ante esta situación, mi reacción fue totalmente tranquila, pidiendo a los raptores calma y
que recapacitaran sobre su descabellada idea y sobre sus consecuencias. Ante su insistencia
iniciamos junto con el señor Palma y el señor Gasc un diálogo, mostrándoles los
inconvenientes de hacer el vuelo en CVL debido a su corta autonomía y problemas eléctricos
en el sistema de partida de los motores. Volvieron a insistir en su propósito, recalcando que
por ningún motivo cambiarían de avión, mencionando el caso del rapto frustrado del vuelo
del Comandante Leonidas Medina.

Comprobando ya la decidida intención, les informé que la tripulación tenía órdenes de la
Empresa, del Círculo de Pilotos y de IFALPA de no resistir a los raptos y que, a cambio de su
calma y tranquilidad no tendríamos ningún inconveniente en llevarlos a Cuba, siempre que
se respetara la seguridad de los pasajeros, tripulación y aeronave.

Luego de este diálogo, ambos raptores se mostraron más calmados. Durante la
conversación, tuve oportunidad de observarlos bien y a continuación, paso a describirlos:

“El cabecilla era un muchacho de aproximadamente 20 años, bajo, rubio, de vestir colérico.
Portaba un revólver Smith and Wesson calibre 38. Permaneció todo el tiempo en el cockpit.
Posteriormente me informé de su nombre y que era de Talca. A su compañero le decía
"Dombo" y era de su misma edad, alto, moreno, ambo claro, armado similarmente. Además
tenía una especie de cable amarrado a la muñeca derecha, el que conectaba a un paquete
en el bolsillo posterior del pantalón. Me dijo que eran explosivos. Este individuo luego
abandonó el cockpit, situándose a la salida del Galley y encañonando a los pasajeros.
Junto con el señor Palma y asesorados por el señor Gasc analizamos la situación y la
planificación del vuelo. Le informé al rubio que nuestro combustible sólo nos alcanzaba para
llegar a Pudahuel, más una pequeña reserva, por lo que era indispensable aterrizar en ésa.
Accedió. Luego le solicitamos que se bajara a las mujeres y niños, lo que permitiría una
mayor recarga de combustible. Que veíamos la necesidad de reforzar la tripulación de vuelo,
de colocar balsas, provisiones, manuales de ruta, baterías, repuestos, etc., etc., a todo esto,
el raptor accedió, mostrándose ya tranquilo y a sus anchas al ver el clima de tranquilidad que
reinaba en el cockpit. El Tripulante de Mantenimiento señor Loayza también cooperó en este
diálogo y en la confección de una lista de necesidades para el futuro vuelo.

A todo esto, ya le había dicho al señor Palma que informara de nuestra situación a Control
Vuelos Pudahuel y al ATC. También hablé por el citófono a los pasajeros, solicitando su calma
y cooperación.

El resto del vuelo hasta Pudahuel se desarrolló normalmente, con la salvedad de la pésima
calidad de comunicaciones con la Empresa en HF, ya que en VHF ya no existen
prácticamente.

Aterrizamos en Pudahuel aproximadamente a las 21:15 y luego de una breve detención en
una pista de carreteo, (se había abierto y caído la escala de la puerta posterior), fuimos
estacionados en A 7 frente a la Torre.

A través de mi ventanilla informé nuevamente al Jefe de Estación Aérea, señor Héctor
González, de la situación y de nuestros requerimientos para el vuelo a Cuba. Me respondió
que todo se estaba preparando, salvo las provisiones y que el Presidente de la Empresa don
Eric Campaña estaba por arribar al aeropuerto.

El Tripulante de Mantenimiento señor Loayza solicitó autorización para bajar del avión a fin
de verificar el carguío y la revisión técnica del avión, lo que fue concedido.

Los pasajeros autorizados para bajar, lo hicieron tranquilamente por la puerta delantera, la
única que se abrió y por la cual se efectuó todo el proceso de preparación y
aprovisionamiento.
Los raptores permanecieron todo el tiempo en sus posiciones, salvo breves salidas del rubio
hacia el galley sentándose al final en el asiento del Tripulante de Mantenimiento.

El avión se encontraba rodeado de policías, funcionarios LAN y curiosos, entre los que se
destacaban un gran número de periodistas.

Solicité autorización para ir al baño con el fin de observar la situación en la cabina de
pasajeros. Esto fue permitido. En ésta pude observar que sólo quedaban unos 30 pasajeros,
todos sentados en la parte posterior de la cabina, a solicitud del rubio. La situación era
tranquila y el personal de cabina y de abastecimiento desarrollaban sus labores sin
problemas. A mi retorno al cockpit me encontré con el señor Gasc, quien me informó que
había sido canjeado por un especialista eléctrico en el sistema de partida del avión. Luego
abandonó el avión. Debo recalcar que el señor Gasc cooperó en todo momento con la
tripulación y que en ningún momento trató de forzar nuestro criterio o se negó a lo
impuesto por los raptores.

Ocupé nuevamente mi asiento. El carguío de combustible y el aprovisionamiento, mas el
resto de los preparativos se desarrollaban sin contratiempos, aunque con lentitud. Juntos
con el señor Palma entablamos conversación con el rubio, quien ya se veía de gran ánimo y
totalmente relajado. Sintonicé una Broadcasting en un ADF, en la que escuchamos noticias y
música. Esto contribuyó a crear una atmósfera tranquila, sin por esto dejar eI rubio de
tenernos todo el tiempo encañonados y con el dedo en el gatillo.

Posteriormente el señor Palma solicitó autorización para ir al baño y para traer algunos
manuales del compartimiento correspondiente. Cuando regresó se sentó en el asiento del
observador.

El moreno, autorizó la subida de personal para traer las balsas, provisiones y así el flujo de
gente era bastante grande en la puerta de acceso, por lo que no me pareció extraño que se
asomara un mecánico y un despachador al cockpit a preguntar cosas referentes al
despacho.

Las comunicaciones con Control Vuelo de Pudahuel era casi nulas debido a la mala calidad,
tanto que en un momento fue necesario que Control Vuelos UCH me hiciera puente. Al final
logré establecer una comunicación razonable a través de la Torre en 121,5 y el Teléfono de
nuestra oficina. Así supe que de acuerdo al pronóstico el despacho sería directo a Lima, que
la tripulación de relevo (Comandantes señores Zúñiga y Acevedo y Tripulante de
Mantenimiento Pérez), ya estaban en el aeropuerto y que sólo faltaba terminar el plan de
vuelo.

Juntos con el señor Palma fuimos verificando nuestra lista de necesidades y sólo faltaban las
últimas instrucciones de la Jefatura y algún dinero en dólares que solicitamos al Tripulante
de Mantenimiento señor Loayza, que entró al cockpit a informamos del estado técnico de la
aeronave y que estaba autorizado por los raptores para circular entre el avión y la losa.

Un detalle que ha sido posteriormente mal interpretado por los periódicos fue que en un
momento bajó el voltaje del carro-generador de 28 V, por lo que disminuyó la intensidad de
las luces, siendo necesario conectar el sistema de batería del avión dos veces. Esto
naturalmente produjo brevísimos apagones (explicados anticipadamente al rubio), los que
han sido erróneamente interpretados como señales preestablecidas.

A todo esto ya habían transcurrido alrededor de dos horas desde nuestro arribo a Pudahuel
y viendo que los preparativos estaban por terminar, nuevamente solicité al rubio permiso
para ir al baño. Esto fue autorizado "por última vez".

En el pasillo, aproximadamente a la altura de la 7ma. fila, me detuve a conversar con el
señor Patricio Araos, funcionario de la Empresa, quien venía en el avión. Le estaba contando
las últimas informaciones, cuando, de improviso se escuchó una voz ahogada que gritaba
desde el cockpit: "¡Compadre.., compadre..!" Al darme vueltas vi aparecer al señor Palma.
Los pasajeros, alarmados se pusieron de pie. El moreno nos encañonó desde la puerta del
galley gritando: ”¡ Atrás. ..atrás...!" Avancé un paso pidiéndole calma, cuando empezó a
disparar. En ese momento se produjo gran confusión y todos nos lanzamos al suelo. Escuché
aproximadamente 6 tiros y luego un intervalo. Avanzamos nuevamente hacia adelante y
nuevamente vino otra descarga. Nuevamente nos lanzamos al suelo. Todo esto sucedió
rapidísimo. No creo que en más de 30 segundos.

Al ponerme nuevamente de pie ya todo había terminado. Desgraciadamente, al estar en el
suelo no pude presenciar personalmente cómo sucedió el baleo. Sólo sé, que al ponerme de
pie reinaba gran alboroto, los pasajeros arrancaban por todas partes y se escucharon gritos
de alarma y auxilio. Avancé hacia adelante, encontrando a la auxiliar señorita Burgos mal
herida, al raptor moreno tendido en el suelo, a un mecánico tendido en la puerta de acceso y
a otro herido que bajaba por ésta. (Posteriormente supe que eran detectives). Seguí hacia el
cockpit encontrando al rubio tendido en el suelo y sujeto por el señor Palma.

(Posteriormente el señor Palma me informó que al salir yo del cockpit hacia el baño,
súbitamente había entrado un mecánico que trató de dominar al rubio. Este comenzó a
gritar, por lo que el señor Palma avanzó al galley para someter al moreno. Este, empezó a
disparar, hiriendo al mecánico que sujetaba al rubio ayudado en ese momento por un
despachador LAN. (Esta última parte no la vio el señor Palma, pero se deduce de posteriores
declaraciones. El hecho, es que al terminar el baleo el señor Palma volvió al cockpit para
dominar al rubio y lo encontró sólo inconsciente y tendido en el suelo).

Nuevamente volví al cockpit a verificar la evacuación de los pasajeros, a esas alturas ya se
sabía positivamente que sólo eran dos los raptores. Esta cabina estaba ya desocupada y no
se veían más heridos que los mencionados. Me acerqué nuevamente a la señorita Burgos,
quien ya había sido acomodada por el Sobrecargo y la otra auxiliar y se le iba a administrar
oxígeno. Viendo su gravedad me acerqué a la puerta de acceso, solicitando a gritos atención
médica. Posteriormente volví al cockpit y junto con el señor Palma y un Carabinero bajamos
al rubio y se lo entregamos a la Policía.

Este es un informe detallado de lo sucedido. Si existe alguna omisión es de ínfima
importancia.

Posteriormente fuimos citados (la tripulación) a la sala de briefings, en la cual el señor
Campaña estaba reunido con altos personeros del Aeropuerto (señores Toro, Herrera y
otros), y el Director de Investigaciones señor Jaspard. En esta reunión no se determinaron
responsabilidades y sólo se analizaron los hechos. (Allí supe de la muerte del moreno).
Luego, en forma particular me trasladé a la Posta N° 3, en la que permanecí hasta después
de las 0300, hora en que se supo que la señorita Burgos, allí hospitalizada, había resistido
bien una operación de emergencia.

Al día siguiente, a mediodía comparecía a la Fiscalía de Aviación, en donde presté
declaración al Fiscal Comandante Enrique Montero.

Quiero dejar constancia en este informe, que en ningún momento sospeché de la presencia
de elementos de la Policía en mi avión, que en ningún momento se me informó directa o
indirectamente de la intención de este personal o de otro que fuera a intentar rescatar la
aeronave de la mano de los raptores. Que, si hubiera sabido o sospechado algo, habría
hecho lo posible por impedirlo, ya que esto atentaba, (como se vio posteriormente), contra
la seguridad de los pasajeros, de la tripulación y del avión a mi comando.

Deseo dejar bien claro mi sentir que los cuatro galones de nuestro uniforme, no son un
adorno, ni un distintivo militar de capacidad destructiva. Son el emblema de años de estudio
y sacrificio, de perfeccionamiento técnico para poder ofrecer al pasajero, que se confía en
nuestras manos, seguridad, seguridad y seguridad. Y esto actualmente nuestra Empresa no
lo puede garantizar, ya que elementos extraños, con o sin autorización superior, han pasado
a llevar mi autoridad de Comandante al tomarse burdamente mi avión con los desastrosas
consecuencias por todos conocidas.

Por eso expreso a Uds. mi más enérgico repudio a lo sucedido y solicito a Uds. se convoque a la brevedad posible una Asamblea General para analizar este problema, 
enjuiciarlo cualitativamente y comunicarle a la Opinión Pública y a las Autoridades que competa nuestro sentir y nuestros propósitos.”

Un eco de este dramático llamado del Comandante Astorga sólo se produciría cuando los
pilotos deciden decretar el 19 de Junio de 1972, a nivel mundial (a instancias de IFALPA para
llamar la atención sobre la necesidad de adoptar medidas de seguridad apropiadas para
poner término a la escalada de raptos, secuestros, sabotajes y otros actos ilícitos contra
aeronaves comerciales), un paro de 24 horas, al cual se pliegan los pilotos de LAN.

Posteriormente se lograría llenar el vacío de la legislación de los países signatarios de la OACI con la aprobación a nivel mundial de los Convenios de Tokio (Infracciones y ciertos otros actos cometidos a bordo de las aeronaves) y de Montreal (Represión de actos ilícitos contra la seguridad de la aviación civil). En Chile adquirirán el carácter de leyes de la República mediante los Decretos N° 711 (17 Diciembre 1974) y Decreto N°736 (11 de Diciembre 1975),