TRAGEDIA DEL PRIMER SUBMARINO CHILENO, EL FLACH, VALPARAISO, 3 DE MAYO DE 1866



(“Apuntes porteños”, 450 años de Valparaíso (1536 - 1986), Lukas, 1996)


SUCEDIÓ UN 3 DE MAYO DE 1866

“FLACH”, EL PRIMER SUBMARINO CONSTRUIDO EN CHILE


(Suboficial Mayor (R) - Aviación Naval de Chile, CARLOS SALDIVIA ROJAS)

El descubrir personajes notables injustamente olvidados de la historia es una actividad inagotable para los investigadores y aficionados de cualquier país, especialmente si estamos en regiones como Latinoamérica y Chile en particular, donde el interés por el pasado se mezcla con una frágil memoria colectiva. Éste es el caso que afecta, entre muchos otros, al ingeniero emigrado de Alemania Karl Flach, quien debe ser considerado uno de los pioneros a nivel mundial de la tecnología de navegación submarina, pese a haber quedado fuera de los listados oficiales de héroes nacionales.

Porque, sin exagerar, Flach también debe ser considerado un héroe, puesto que puso su trabajo, capital y talento y la invención resultante, de forma desinteresada, al servicio del país que lo había acogido, en un momento de amenaza por parte de una potencia mucho más poderosa. No sólo eso, este germano y chileno adoptivo incluso entregó su vida y la de su hijo mayor en el intento de ofrecer al país un medio de defensa.

Acaso las razones de su olvido en Chile se deban a que su trabajo y sacrificio se dio durante una época que este país ha preferido olvidar. Corría el año 1866 y el gobierno chileno se había involucrado en una guerra contra España por ir en defensa de su vecino del norte, el Perú, un conflicto que la posteridad ha considerado absurdo, y que hoy parece casi una comedia de equivocaciones.

El entonces puerto principal de Chile no contaba con defensas para éste tipo de ataque y la escuadra española ante la situación de no tener una base de apoyo decidió ir a bombardear Valparaíso con el objetivo de presionar rápidamente al gobierno chileno.

El Presidente de la República de la época José Joaquín Pérez pidió ayuda a los empresarios para crear armas para la defensa. En ese contexto es que se presentan dos prototipos de submarinos del tipo “cigarro”, uno de las manos del Ingeniero Gustavo Heyermannn y otro del alemán Karl Flach.

El submarino “Flach”, fue el primer submarino chileno, el segundo de América y el quinto en el mundo. Un proyecto innovador que nació de la necesidad de defender el Puerto de Valparaíso del inminente ataque de la flota española en la guerra que tanto Chile y Perú libraron contra España entre 1865 y 1866.

La embarcación fue construida en fierro, con una eslora (largo) de 12,5 metros, una manga (ancho) de 2,5 metros, y un peso aproximado de 100 toneladas. Se desplazaba mediante tracción humana, con un sistema de poleas, cigüeñales y pedales que movían dos hélices, pudiendo alcanzar una velocidad máxima de tres nudos.

Para sumergirse y regresar a la superficie, utilizaba un ingenioso sistema de contrapesos. Diseñado como arma, disponía de un cañón de retrocarga en proa y un pequeño cañón en la torreta. Su inventor alemán Flach, le instaló un novedoso sistema de renovación del aire, lo que le permitía permanecer ocho horas bajo el agua y hasta catorce, dependiendo de la cantidad de tripulantes.

Se construyó en la playa Las Torpederas, y después de 3 meses de trabajo, se realizó la primera prueba de sumersión, en abril de 1866, ésta se llevó a cabo en la bahía de Valparaíso, con dos personas a bordo. Descendió a una profundidad de 8 metros, permaneciendo una hora bajo el agua en medio de la expectación de quienes presenciaron el acontecimiento.

En los días siguientes el inventor hizo varias inmersiones exitosas, todas con previo aviso a la Gobernación Marítima, encargada de supervisar el proyecto. El alemán invitó a varias personalidades a compartir la experiencia de navegar bajo el mar, pero, hasta donde se sabe, ninguno aceptó.

El día 2 de mayo de 1866, Flach conversó con el Comandante Galvarino Riveros y le aseguró que no realizaría nuevas pruebas en los próximos días, porque se encontraba afectado de un fuerte resfrío. Se desconocen las causas, pero el inventor cambió de opinión y decidió sumergirse el 3 de mayo, sin avisar a la autoridad marítima. Tampoco aceptó que le ataran una boya que permitiera conocer el derrotero de la nave. Porque una de las limitaciones del Flach era la carencia de periscopio, lo que obligaba a salir a la superficie cada cierto tiempo para saber si conservaba la ruta correcta.

Durante esa jornada, el submarino realizó dos zambullidas sin novedad. La alegría y la confianza eran tan evidentes en su creador, que invitó a sus dos hijos mayores a embarcar para una tercera inmersión. Inicialmente la esposa de Flach se opuso, pero terminó cediendo en parte y aceptó que su hijo, de dieciséis años, participara de la aventura. La hija permaneció en tierra. Junto a ellos se sumergieron otras nueve personas: los chilenos Francisco Rodríguez y Adolfo Pulgar, dos franceses y cinco alemanes.

Resulta curioso leer cómo la prensa de la época informó el comienzo de la tragedia:
“A las tres de la tarde no se ha visto todavía salir al bote submarino. Como a las nueve fue la hora en que empezó su navegación. Varias veces salió a flote y volvió a bajar. La última sumersión se hizo cerca del fondeadero de los vapores. Uno de los prácticos que andaba en un bote se aburrió de esperarlo y se vino a tierra. Diez hombres andan a bordo del bote submarino”.

Todo Valparaíso se volcó al puerto para conocer en directo lo que ocurría con el invento que los cautivaba durante el último tiempo. La expectación era máxima.

Al día siguiente, El Mercurio, que desde un comienzo se opuso al proyecto por considerarlo una pérdida de tiempo y dinero, diría:
Ya está perdida toda esperanza; aquellos desgraciados han perecido víctima de su arrojo y de su falta de previsión. El constructor de la embarcación es un padre de siete hijos, el mayor de los cuales tendría unos catorce años y lo acompañaba en su arriesgada empresa. Queda una viuda en el más absoluto desamparo. Esto es desgarrador.

El 6 de mayo un buzo logró ubicar al “Flach” a cincuenta metros de profundidad, enterrado de punta en el fango. Con la ayuda de otro buzo de la fragata inglesa “Leander” lo ataron con gruesas cadenas que portaba la embarcación extranjera y lo jalaron, pero fue inútil. El peso era demasiado y la cadena se cortó varias veces.

El 12 de ese mes la “Leander” zarpó con rumbo al Callao y se abandonaron definitivamente todos los intentos por sacar al “Flach” de su tumba de lodo.

Fuentes consultadas: 1.-http://www.midulcepatria.cl/ 2.-https://www.fernandolizamamurphy.com/ 3.-http://www.patrimonioceanico.cl/





(SOM (R) CARLOS SALDIVIA ROJAS)



HISTORIA DEL SUBMARINO FLACH

(“Fila Naval“, Jorge Baeza Malatrasi, 2010, www.filanaval.blogspot.com)

El día 5 de diciembre de 1865 Chile firmaba un tratado con Perú para luchar contra España.
Así se encontraban las cosas en esta parte del continente, había una infinidad de inventores que ofrecían torpedos, minas eléctricas, buques cigarros ( SUBMARINOS ) que asediaban a toda hora al gobierno chileno, ofreciéndoles sus inventos que destruirían infaliblemente a la escuadra española, que por aquellos días bloqueaba el puerto durante la guerra de Chile y Perú con España. Uno de elllos fue Flach, quien mostro los planos del submarino y dijo que podria atacar por sorpresa al enemigo. La leyenda dice que, al escuchar la idea, el Presidente Jose Joaquin Perez, pregunto ¿ Y si se Chinga ? ( y si falla ).

Flach era ingeniero Alemán, había fabricado cañones de retrocarga que eran una novedad para la época y, por ultimo, Alemania era una potencia militar que ya tenia su propio submarino, así que ¿por que no?.

El proyecto prendio rápidamente y le encargaron la construcción de la nave. Empezó a construirse en la caleta de Torpederas Valparaiso, ya terminado fue remolcado y anclado en la antigua Intendencia Regional ( Plaza Sotomayor ).

El invento de Karl Flach era muy simple. Totalmente hecho de fierro, el submarino tenia una eslora ( largo ) de 12,5 metros, manga (ancho ) 2,5 metros desplazamiento 50 toneladas, velocidad 2 a 3 nudos, profundidad aproximadamente 8 metros, tripulación 11 personas y un peso de 100 toneladas. Tenia un cañón de retrocarga en la proa y un cañón pequeño en la torreta, y una escotilla. Se impulsaba a propulsión humana, con pedales que movían sus dos hélices, y se hundía con un ingenioso sistema de arrastre de pesos de un lado a otro de la nave. Pero no tenia periscopio, por lo que, cada tanto, el submarino debía salir a la superficie para saber si iba en la dirección correcta.

Karl Flach ya había realizado al menos una prueba de inmersión, y esta era la primera vez que se iba a aventurar mas lejos de la costa. Pero, según registros oficiales de la época Karl no aviso de este ensayo a la Armada de Chile. Ese día el Alemán llevo a su hijo de 16 años al submarino, ademas intento llevar a una de sus tres hijas, lo que fue impedido por su esposa. Estaba decidido a comprobar hasta donde podía llegar y, según un parte de la Gobernación Marítima, Flach desoyó los consejos del oficial naval a cargo y tampoco permitió que le engancharan una boya a la nave para monitoriar la dirección que llevaba. Como a las nueve de la mañana empezó su inmersión. Varias veces salio a flote y volvió a bajar, como a las tres de la tarde no se vio salir mas al submarino, la ultima sumersión se hizo cerca del fondeadero de los vapores.

La expectación fue grande, atrapados en un submarino en el fondo de la bahía de Valpariaso, unos dicen que son ocho otros diez hombres- las versiones cambian en los días siguientes- desparecían sin dejar rastro, sepultando uno de los capítulos mas increíbles, la construcción del primer submarino chileno, el segundo de América, el quinto del mundo, a cargo del inmigrante alemán avecindado en Valparaiso Gottfried Cornelius, ese era su verdadero nombre, lo que ocurrió que en 1848, el emperador alemán derroto a quienes pretendían la revolución en su territorio, por lo que Cornelius se ve obligado a adoptar el nombre de un difunto para poder salir de Alemania. De este modo consiguió salir del puerto de Hamburgo el su señora y una hija en el velero Australia llegando a una remota región llamada Corral en Valdivia, con el nombre de Karl von Fluch, después tuvo que suprimir su titulo de nobleza porque en Chile ya no existían.

El puerto se repleto de gente curiosa para saber que había pasado con el submarino. Todo lo que se sabia era que la nave haría una prueba de seis u ocho horas, que en caso extremo podía aguantar hasta catorce horas de inmersión y que la tripulación llevaba víveres. En la tripulación estaban Karl, su hijo, dos chilenos, dos franceses, y cinco alemanes en total de 11 personas, muchos criticaban la temeridad con que se actuó, pues se trataba de una navegación llena de peligros y menos experimentada que los viajes aéreos.

Nunca se supo que sucedió, los diarios de la época especularon con una falla en el sistema de inmersión o que el invento no soporto la presión al sumergirse demasiado y se partió etc etc.
Dos remolcadores y una fragata inglesa intentaron reflotar al submarino, luego que un buzo encontrara el armatoste tumbado en el fango. No hubo caso, varias veces se cortaron las cadenas y las labores se suspendieron. Nadie mas busco la forma de rescatar los cadáveres.
Y hasta el día de hoy aun permanecen en el fondo de la bahía de Valparaiso esperando que algún día salga a flote este intento de primer submarino chileno o permanezca para siempre en el fondo del lodo porteño.



A LA CAZA DEL "FLACH", LA TRAGEDIA DEL PRIMER SUBMARINO CHILENO

(Diario “El Mercurio”, 18 de Noviembre de 2006, EMOL)

Sepultada en el olvido, la insólita aventura de esta embarcación -la quinta de su tipo en el mundo- será reflotada 140 años después de su hundimiento en la bahía de Valparaíso. murieron diez personas a bordo, entre los que estaba su creador, Karl Flach. La Armada, arqueólogos submarinos y un documentalista obsesionado con el proyecto comenzarán la búsqueda en pocos días.
Por Gazi Jalil F.

La noticia ocupó un par de párrafos en El Mercurio de Valparaíso del 3 de mayo de 1866: "A las tres de la tarde no se ha visto todavía salir al bote submarino. Como a las nueve fue la hora en que empezó su navegación. Varias veces salió a flote y volvió a bajar. La última sumersión se hizo cerca del fondeadero de los vapores. Uno de los prácticos que andaba en un bote se aburrió de esperarlo y se vino a tierra. Diez hombres andan a bordo del bote submarino".

La expectación que causó el hecho fue mayúscula. Atrapados en un submarino en el fondo de la bahía de Valparaíso, ocho, diez u once hombres ­las versiones cambian en los días siguientes­ desaparecían sin dejar rastros, sepultando uno de los capítulos más increíbles de la marina nacional: la construcción del primer submarino chileno, el segundo de América, el quinto en el mundo, a cargo del inmigrante alemán avecindado en Valparaíso Karl Flach.

Centenares de curiosos repletaron el puerto para saber qué pasaba. Todo lo que se sabía era que la nave haría una prueba de seis u ocho horas, que en caso extremo podía aguantar hasta catorce horas de inmersión y que la tripulación llevaba víveres. Para colmo, la máquina se había sumergido sin amarrar una boya a su casquete, por lo que no existía la menor señal de dónde pudiera estar. Un testigo dijo que a cierta distancia pudo divisar burbujas de aire que emergían desde el mar.

Al día siguiente, bajo el título "Desgracia lamentable", la crónica relataba en detalle la tragedia:

"Ya está perdida toda esperanza; aquellos desgraciados han perecido víctima de su arrojo y de su falta de previsión (...) El constructor de la embarcación es un padre de siete hijos, el mayor de los cuales tendría unos catorce años, y lo acompañaba en su arriesgada empresa. Queda una viuda en el más absoluto desamparo. Esto es desgarrador ".

Junto con agregar que entre la tripulación estaban, además, dos chilenos, dos franceses "y los demás (eran) alemanes", la nota hace una larga crítica a la temeridad con que se actuó, pues se trataba de "una navegación más llena de peligros y menos experimentada que los viajes aéreos".

En esa época, según escribe el historiador Francisco Encina en su Historia de Chile, "un enjambre de inventores de torpedos, brulotes, minas eléctricas, buques cigarros (submarinos), casi la totalidad semilocos, asediaban a toda hora al gobierno chileno, ofreciéndoles sus inventos que destruirían infaliblemente la escuadra española", que por aquellos días bloqueaba el puerto durante la guerra de Chile y Perú con España.

Uno de ellos fue Flach, quien mostró los planos de un submarino y dijo que podría atacar por sorpresa al enemigo. La leyenda dice que, al escuchar la idea, el Presidente de entonces, José Joaquín Pérez, preguntó: "¿Y si se chinga?".

Flach era ingeniero, había fabricado cañones de retrocarga que eran una novedad para la época y, por último, Alemania era una potencia militar que ya tenía su propio submarino, así que ¿por qué no? Flach tenía que saber de lo que estaba hablando. El proyecto prendió rápidamente y le encargaron la construcción de la nave.

NOVIEMBRE DE 2006. En la rada de Valparaíso las gaviotas planean amenazantes sobre un grupo de turistas, mientras a pocos metros los buques anclados en el puerto parecen descomunales cunas que se mecen con suavidad. Pese al espectáculo, aquello no llama demasiado la atención de Juan Enrique Benítez.

Ahí está­ dice, señalando un punto desconocido en medio de la bahía.

Documentalista, director de comerciales y creador de varios programas de televisión, Benitez dice que ha ubicado el área dónde debería estar el submarino. Lleva varios meses recopilando información, mapas, libros y documentos, y tiene la mirada ansiosa de quien está a punto de concretar el mejor proyecto de su vida.

Un día, por casualidad, escuchó la historia del "Flach" en boca de Salvador Villanueva, un inventor al que entrevistaba para Dementes geniales ­un programa que presentará al Consejo Nacional de Televisión­ y desde entonces se ha propuesto encontrar la embarcación y rescatarla del olvido.

He dejado casi todo de lado por esto... Cuando le digo a la gente que estoy buscando un submarino, me preguntan si estoy loco, pero yo siento que soy el nexo con Flach, siento cierta responsabilidad y creo que ésta es una deuda pendiente con la historia naval chilena.

El proyecto, como proyecto, habría sido irresistible para cualquiera. Hace poco una experiencia similar ocurrió en Estados Unidos, cuando un grupo de investigadores encontró y reflotó el Hunley ­el primer submarino de América­ utilizado en la Guerra de Secesión. La historia fue transmitida por History Channel y convertida en película por Hollywood. La nave fue construida apenas un par de años antes que el "Flach".

Benítez vio el documental y quedó helado. Ahí, frente a sus ojos, tenía el mejor ejemplo de que lo que quería hacer era importante. Pero para que le escuchen una idea tan descabellada, entendió que debía hacer una presentación seria, sólida. Así que recopiló con lujo de detalles la historia del "Flach" y determinó el diseño más probable de la nave, porque no hay planos ni registro fotográfico.

Con esa información, solicitó a la Armada que patrocinara la búsqueda y le permitiera documentar en video el hecho. La idea prendió: "Para nosotros es importante reconocer a los protagonistas del desarrollo naval, en especial en este caso, en que pese a la precariedad tecnológica, hubo gente adelantada a su tiempo que nos puso a la vanguardia utilizando sólo el ingenio", afirma el contraalmirante Cristián Millar.

Benítez también integró al equipo de búsqueda a la Facultad de Arqueología Submarina de la U. Internacional Sek y a Jorge Nelson Zepeda, jefe del Departamento Hidrográfico de la Armada, experto en el tema del "Flach". Además, el Consejo de Monumentos Nacionales aprobó la búsqueda, que durará cuatro días y que comenzará a fines de este mes o a comienzos del próximo, antes de que la bahía se llene de embarcaciones.
En Valparaíso, donde funcionó el primer telégrafo, el primer diario, el primer canal de TV, el primer equipo de fútbol, no es raro que también se haya construido el primer submarino. En 1866, éste era un puerto con una creciente actividad comercial, donde se había instalado a vivir la élite económica e intelectual del país.

Las cabezas de sus habitantes estaban más puestas en Europa que en Chile y la imaginación de los porteños estallaba desde que hace algunos días sabían que frente a sus narices se realizaban las primeras pruebas de navegación bajo el agua, algo que ni siquiera habían leído en novelas de ficción. 20 mil leguas en viaje submarino, de Julio Verne, se publicó cuatro años después.

Sin embargo, los diarios veían con recelo este experimento. "Hay curiosidad y cierta burla en la prensa que ve dichos aparatos como un pérdida de tiempo y dinero", decía El Mercurio de Valparaíso un par de semanas antes de la tragedia.

El invento de Karl Flach era simple. Totalmente hecho de fierro, el submarino tenía un largo de 12,5 metros y un peso cercano a las 100 toneladas. Se impulsaba a propulsión humana, con pedales que movían sus dos hélices, y se hundía con un ingenioso sistema de arrastre de pesos de un lado a otro de la nave. Además contaba con dos cañones y una escotilla. Pero no tenía periscopio, por lo que, cada tanto, el buque debía salir a la superficie para saber si iba en la dirección correcta.

Antes del 3 de mayo de 1866, Karl Flach ya había realizado al menos una prueba de inmersión, y ésta era la primera en que se iba a aventurar un poco más lejos de la costa. Pero, según registros oficiales de la época, el alemán no avisó de este ensayo a la Armada. El capitán de fragata Galvarino Riveros notificó en una carta enviada al comandante general que el día anterior a la tragedia se encontró en la calle con Flach y que éste le dijo que no tenía fecha para una nueva prueba mientras no se mejorara de un resfriado.

Pero aquel día, el ingeniero estaba exultante, preso de su propio entusiasmo. No sólo llevó a su hijo de 16 años al submarino, sino que intentó que lo acompañara una de sus tres hijas, lo que fue impedido por su esposa. Estaba decidido a comprobar hasta dónde podía llegar y, según un parte de la Gobernación Marítima, Flach desoyó los consejos del oficial naval a cargo y tampoco permitió que le engancharan una boya a la nave para monitorear la dirección que llevaba.

Fue la última vez que se le vio a él, a su tripulación y a su submarino. Nunca se supo lo que sucedió. El diario La Patria especuló con una falla en el sistema de inmersión o que el invento no soportó la presión al sumergirse demasiado y se partió.

Dos remolcadores y una fragata inglesa intentaron reflotar al submarino, luego de que un buzo encontrara el armatoste tumbado en el fango. No hubo caso. Varias veces se cortaron las cadenas y las labores se suspendieron. Nadie más buscó la forma de rescatar los cadáveres. Hasta hoy.
En la Bahía de Valparaíso hay cerca de 500 naufragios documentados desde el siglo XVI, un verdadero cementerio submarino declarado monumento histórico en 1996.

El proyecto "Flach" será lo más parecido a la búsqueda del Titanic en Chile. Se utilizará un sonar de barrido lateral para escanear la superficie del fondo marino, un perfilador para hacer un mapa del sector y un magnetómetro que permitirá detectar estructuras metálicas.

Benítez no ha dejado nada por hacer. Hace unos días, incluso, visitó a Isabel Cristina Ávila, la mentalista de Chimbarongo que ha ayudado en casos como Antuco, en busca de más pistas. También se entrevistó con Guillermo Stengen, un médico de Quilpué, bisnieto de Flach. "Estoy feliz con este proyecto ­dice Stengen, al teléfono­. Lo que hizo mi bisabuelo fue un acto de ingeniería y heroísmo increíbles. Y una locura. Imagínese: aventurarse en esa máquina primitiva...".

Las gaviotas siguen con su vuelo amenazante y el viento salado de Valparaíso golpea el rostro de Benítez. Su mirada, clavada por largo rato en el mismo punto de la bahía, traspasa el agua y llega hasta el fondo marino. Ahí ve al "Flach", enterrado de punta en el fango, en perfecto estado. No se ha partido en dos, como algunos le han advertido. Tampoco ha sido sepultado bajo toneladas de sedimento y escombros por los sucesivos trabajos que se han hecho en el muelle. Lo ve claro. Se lo imagina en detalle, como si fuera parte de su propio documental.

La última vez que tuvo noticias de Karl Flach fue hace pocos días, en un sueño. Lo veía calvo, con una gran barba y vestido elegantemente, tal como aparece en las pocas fotografías que se conservan de él. El alemán, a lo lejos, le hacía una señal de saludo y lo invitaba a entrar al submarino.
Ya voy­ susurra Benítez.